Las electrolineras del futuro

Las electrolineras del futuro

La Agencia Internacional de la Energía prevé que en 2030 el 30% de las ventas en Europa correspondan a vehículos de bajas emisiones.

En el marco de una movilidad eléctrica, además, las estaciones de servicio perderán el monopolio del suministro de combustible. En la actualidad, el 95% de los conductores europeos recargan su coche en casa o en el trabajo, según un informe de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente, y a los puntos privados se añadirán también otros en aparcamientos y establecimientos comerciales que competirán con las actuales gasolineras en la oferta de acceso público.

El futuro de las gasolineras es incierto, y pasa necesariamente por su conversión en electrolineras, pero las estaciones de servicio aún tienen una larga vida por delante. Los nuevos puntos de carga rápida son capaces de llenar las baterías al 80% en un intervalo que va de los treinta minutos hasta los tres minutos, en los nuevos puntos ultrarrápidos, un tiempo de espera incluso inferior a la media de cinco minutos que emplean los conductores en repostar sus vehículos diésel o gasolina.

Los datos de Noruega son alentadores para las antiguas gasolineras: de acuerdo con la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente, el único uso de cargadores públicos que ha crecido desde 2014 en el país es el de aquellos situados en estaciones de carretera. Y pese a las dudas de los propietarios y la competencia de otros establecimientos, también hay sitio para las electrolineras en la ciudad.

Según un estudio de Idealista, solo el 35% de las viviendas en España dispone de garaje, lo que significa que un 65% de los futuros propietarios de vehículos eléctricos no podrán cargar el coche en casa. Un informe del Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) reveló que la mitad de los usuarios de cargadores rápidos en estaciones de servicio tenían cargador en casa, y sin embargo optaron por estos para llenar sus baterías para hacerlo en un menor espacio de tiempo, mientras realizaban compras en tiendas cercanas.

La transformación de las estaciones de servicio, sin embargo, empezó hace ya tiempo. Aquellas gasolineras con surtidores y una pequeña tienda donde comprar apenas un refresco y una bolsa de cacahuetes han dado paso a establecimientos de hostelería con restaurante, supermercado, tienda de ropa y una enorme oferta de cafés y bebidas.

El alto precio de los carburantes deja poco margen de beneficios a las compañías, que hace tiempo entendieron que la gasolina era solo el reclamo para que los clientes pararan a comprar. “Proveer energía va a ser parte de un sistema, combinado con la venta de ropa o alimentación, que ya ofrecemos en nuestras gasolineras”, explicó a la prensa Bob Dudley, director ejecutivo de BP, una de tantas compañías petroleras que están dando el salto al servicio de recarga eléctrica.

“¿Sabías que en estos momentos la gente para más en nuestras estaciones a tomar un café que a repostar? Lo hace por el café, por las compras, por la comodidad de la tienda… Es un modelo de negocio diferente”, explica Dudley.

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