Autobuses: de diésel a eléctrico en 20 días

Autobuses: de diésel a eléctrico en 20 días

ZF Aftermarket, en cooperación con la compañía In-Tech, han desarrollado una tecnología que consigue convertir las antiguas unidades diésel en vehículos cien por cien eléctricos en un tiempo récord de cuatro semanas, mediante una intervención mínima que no afecta al chasis ni los elementos mecánicos instalados de fábrica, y que ya han probado con éxito en la ciudad de Múnich.

“El mercado será incapaz de generar el suficiente volumen de producción de vehículos eléctricos hasta 2025. Hasta entonces, transformar los vehículos comerciales convencionales en eléctricos constituye una excelente oportunidad de ayudar a las ciudades a la electrificación de su transporte público y alcanzar al mismo tiempo sus objetivos de reducción de emisiones”, explica Helmut Ernst, jefe del proyecto E-trofit de ZF Aftermarket en un comunicado difundido por la compañía.

El secreto de la rápida transformación reside en cuatro motores eléctricos independientes instalados junto a las propias ruedas del autobús, que desarrollan una potencia conjunta de 250 kilovatios equiparable a la de cualquier motor de combustión. Además, puede instalarse en cualquier tipo de autocar, incluidos aquellos de plataforma baja.

Según Andreas Heger, director del área de movilidad de In-Tech, los ayuntamientos deben esperar entre 16 y 18 meses hasta recibir los autobuses eléctricos convencionales. Un tiempo demasiado extenso para la lucha contrarreloj contra el cambio climático. “Para muchos municipios, adquirir autobuses eléctricos conlleva grandes periodos de espera y unos costes demasiado elevados”, afirma el directivo alemán. Por el contrario, la conversión de autobuses diésel puede realizarse en tan solo cuatro semanas. 

El sistema, aseguran sus inventores, ofrece también grandes descuentos económicos para las corporaciones locales. Adaptar los autobuses existentes es un 50% más barato que adquirir unidades nuevas. “Con una vida mínima de diez años (para cada vehículo diésel reconvertido), estos buses suponen un ahorro adicional de 100.000 euros solo en combustible”.

Electrificando el transporte público urbano

A medida que se restringe el tráfico privado en el centro urbano, aumenta el uso del transporte público, lo que implica más autobuses y más gases contaminantes procedentes de vehículos de titularidad municipal. Y claro, es difícil que los ciudadanos asuman las limitaciones si quienes las imponen no predican con el ejemplo.

Según Clean Air, una federación de nueve asociaciones medioambientales europeas, los autobuses diésel utilizados en el transporte público contribuyen de forma importante a las emisiones en las ciudades. En algunas ciudades –asegura el consorcio– los autobuses representan apenas el dos por ciento de todos los vehículos y, sin embargo, aportan alrededor del 30 por ciento de los contaminantes emitidos.

En el caso de Madrid, un informe de Siemens calcula que en torno al 20% de las emisiones causantes del efecto invernadero proceden del transporte público. El objetivo es que todos los autobuses dispongan, antes de 2025, de la clasificación Cero (eléctricos) y Eco (gas e híbridos) en el 100 % de la flota.

La Empresa Municipal de Transportes (EMT) dispone actualmente de 82 autobuses eléctricos. Los últimos en incorporarse a la red son los autobuses eléctricos gratuitos de la Línea Cero que recorren el centro de Madrid, entre Atocha, Gran Vía y Moncloa desde el mes de febrero de 2020.

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