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El aire acondicionado y la temperatura de oficina

El aire acondicionado y la temperatura de oficina

Una eterna fuente de conflicto en el entorno laboral: las discusiones sobre el aire acondicionado y su temperatura en la oficina

 

 

Los planes sobre las próximas vacaciones, las quinielas sobre la nueva canción del verano, las quejas sobre el excesivo calor y el necesario cambio a la ropa más fresca y ligera son elementos que cada año vuelven por estas fechas a las conversaciones con los compañeros de trabajo. Hasta aquí no hay excesiva polémica. Pero si ampliamos un poco más el círculo, no tardará en surgir una eterna fuente de conflicto en el entorno laboral: las discusiones sobre el aire acondicionado y su temperatura en la oficina.

 

Podemos hablar de estudios, recomendaciones y consejos de expertos pero hay una cuestión de base: cada individuo tiene necesidades diferentes alrededor de este asunto. Seamos honestos: estamos ante un problema sin una solución única y, mucho menos, a gusto de todos.

 

Dicho esto, no hay sitio para el conformismo. Lo que sí podemos exponer son líneas sencillas para minimizar estos inconvenientes y lograr un equilibrio y bienestar en estos espacios donde pasamos buena parte del día.

 

Empecemos por lo que dice la normativa vigente en nuestro país: la modificación del Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RITE) en su actualización de 2009 (RD1826) fija la temperatura del aire acondicionado de oficinas (locales administrativos, comerciales y de pública concurrencia) en un mínimo de 26ºC, con una humedad relativa de entre el 30% y el 70%.

 

No bajar de 26ºC el aire acondicionado puede convertirse en misión imposible, porque existen numerosos factores que influyen en esta decisión. Repentinas olas de calor, concentración excesiva de equipos informáticos y de trabajadores en un mismo espacio, existencia o no de ventilación natural, iluminación, materiales y colores utilizados en el diseño de la oficina y la orientación son solo algunos de ellos.

 

Además, según un estudio de la Universidad de Maastricht, las necesidades de aire acondicionado varían en función del género: los hombres tienden a demandar temperaturas más bajas en las oficinas que las mujeres. La razón reside en las diferencias entre sexos en el metabolismo, la generación de calorías e, incluso, en la vestimenta que resulta más ligera y fresca en el caso de las mujeres, mientras que los hombres siguen acudiendo a la oficina en verano con traje, chaqueta y corbata.

 

Si el punto de partida es que no hay una solución clara, intentemos llegar al menos a una situación lo más ajustada posible. Las propuestas para lograrlo son las siguientes:

 

– Regular la temperatura entre los 24º C y los 26º C.

 

– Si es posible, antes de instalar un sistema de aire acondicionado en una oficina,  realizar un estudio previo de la zona a aclimatar y de sus focos de calor: equipos informáticos, personas y radiación solar.

 

– Evitar bajar y subir bruscamente la temperatura de las instalaciones.

 

– Apagarlo cuando se vacía el área y reducirlo en zonas poco utilizadas como salas de reuniones.

 

– Programar los sistemas para que arranquen un par de horas antes de que comience la jornada laboral, y elegir una temperatura media más estable para las horas siguientes. Estos dispositivos de regulación y control de la temperatura permiten mayor confort y un ahorro de energía de alrededor de un 20%.

 

– Realizar las revisiones periódicas recomendadas por los fabricantes.

 

No se puede dejar de lado la cuestión del consumo energético sostenible. Es importante tener en cuenta un dato contrastado: por cada grado de temperatura que bajemos el termostato, se consumirá un 8% más de energía.

 

Buscar una solución equilibrada que evite las reiterativas discusiones exige una tarea de equipo, empezando con los arquitectos y diseñadores de interiores que participan en el proyecto de creación de la oficina, continuando con los responsables de I+D+i de las empresas fabricantes de equipos de climatización y, cómo no, contando con la capacidad de negociación del equipo humano que trabaja en las oficinas.